Trabajar con adolescentes textos como Dilexi te no es un ejercicio intelectual más: es ofrecerles un espacio para mirarse a sí mismos con profundidad, algo que pocas veces encuentran en su día a día. Nuestros jóvenes viven rodeados de mensajes que miden su valor por el rendimiento, la apariencia o la aprobación externa. Por eso, acercarlos a un documento que habla del amor incondicional, de la dignidad personal y de la misión que cada uno tiene en el mundo no solo es formativo, sino profundamente sanador.
Estos textos abren preguntas importantes sobre quiénes somos, qué esperamos de la vida, qué nos mueve realmente y lo hacen desde un lenguaje que combina verdad y esperanza. Ofrecen un contrapunto a la prisa, a la comparación constante y al ruido emocional que muchos adolescentes cargan sin siquiera darse cuenta.
Trabajar Dilexi te en el aula o en el grupo no es “dar doctrina”: es acompañarlos a descubrir que su vida tiene peso, que hay un amor previo a todo fracaso y una misión que da sentido a lo que hacen. Cuando un joven se siente mirado con ternura y no con exigencia, algo en él se ordena, se ensancha y se fortalece. Por eso merece la pena dedicar tiempo a este tipo de documentos: porque tocan lo esencial y despiertan lo mejor que llevan dentro.
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